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Lima, Peru
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El fruto de la oración

“La fe mueve montañas”. Todos hemos escuchado esta frase desde tiempos inmemoriales y en muchas ocasiones la palabra llegó a concretarse cuando hemos visto ocurrir algo que sería imposible. Nuestra naturaleza, sabia como siempre, tiende a encontrar algo a lo cual aferrarse, algo en que creer y lo hacemos como una elección personal a lo largo de nuestra vida. Tener fe en la actualidad dentro de una sociedad que pone más énfasis en el poder adquisitivo, puede resultar una paradoja. Los esfuerzos y sacrificios por conseguir un estatus en el desenvolvimiento académico y profesional, es una tarea que persigue toda persona, pero camino a ello, muchas veces nos olvidamos de la parte humana, espiritual y transpersonal, obviamos la importancia de cultivar una estabilidad emocional que nos ayude a sobrellevar mucho mejor los conflictos y desavenencias que nos toca vivir. Las oraciones, peticiones, cantos e interpretación de lecturas bíblicas son alimento para el espíritu, pero el acto de ir o no a las misas o visitar alguna iglesia, no nos convierte en hombres de fe. La fe es un sentimiento intrínseco que es difícil de explicar, nace de forma espontánea y nos ayuda a creer en forma ciega sin titubeos en algo que vendrá para nuestro bien, nos ayuda a esperar sin sentirnos intranquilos. Tener fe, ser agradecidos y desear el bien para los demás, son tres fuentes básicas para la paz interior unidas al acto del perdón. Una forma de desarrollar estas fuentes es la oración, orar comprendiendo e interiorizando el poder de la palabra que emana. Existe una poesía escrita por Santa Teresa de Ávila titulada “Nada de turbe”, su lectura puede ayudarnos a tranquilizar las preocupaciones, los miedos, las penas. Tengamos en cuenta que, así como acostumbramos a desarrollar el intelecto y las habilidades sociales, dispongamos también de nuestro tiempo para cultivar la parte humana y transpersonal que muchas veces olvidamos. Empecemos poco a poco, los resultados serán interiores y nos sorprenderemos de ello. Todo trabajo espiritual tiende a desarrollarse de forma silenciosa. Piénsalo.